Perfiles

Adria Toledo & Cristina Marcín

EDITORIAL ICONICA | 26 noviembre

¿Cómo se conocieron?
Cris: Esta es la pregunta favorita de Adria. Yo vivía en Mérida, Adria en Durango y coincidimos por una amiga en común. Ahí empezó la curiosidad real: “¿Pero tú quién eres? ¿Dónde vives?”. Cuando ella dijo “Durango” y yo “Mérida”, fue un: ah caray, estamos en extremos distintos del país. Pero aun así seguimos hablando y conociéndonos.
Adria: Primero yo fui a Mérida y después de un tiempo, vino Cris. Estuvimos algunos meses a distancia hasta que se fueron acomodando un poquito las cosas para las dos. Cuando Cris vino de visita, todo se acomodó de una manera muy padre, las cosas fluyeron de la manera que tenían que fluir.

Dicen que los proyectos más auténticos nacen de algo personal. ¿Cómo empezó todo para ustedes?
Cris: En ese momento las dos trabajabamos en el mismo lugar, pero la verdad yo me sentía algo cansada, pues no podía crear, no podía experimentar, no podía cocinar algo que realmente naciera de mí. Todo estaba estructurado y ya decidido. Y aunque es un aprendizaje trabajar así, también llega un punto donde extrañas profundamente esa libertad de cocinar por puro gusto. Un día, platicando con Adria, dijimos: “Oye, necesitamos dinero para irnos de vacaciones. ¿Qué hacemos?”.
Adria: Así que, por nuestra cuenta comenzamos a hacer menús especiales los domingos, que era nuestro único día libre. Ahí arrancó todo, abrimos ese pequeño negocio y lo llamamos ‘’Comida Chingona’’. Esos domingos fueron una mezcla de caos, creatividad, cansancio y emoción. Y en ese caos bonito nació la semilla de Brava, sin que lo entendiéramos completamente en ese momento.

¿Cómo fue creciendo esa idea? ¿En qué momento se sintieron listas para convertirla en un proyecto real?
Cris: Fue creciendo muy orgánicamente. Primero eran menús distintos cada semana, luego llegó la experimentación de pizzas, que para mí era un sueño desde hacía mucho tiempo. Conseguir el hornito fue todo un reto; en ese momento ni siquiera era fácil encontrarlo en México. Pero cuando por fin lo tuvimos y empezamos a vender pizzas, algo explotó. La respuesta de la gente fue impresionante. Vendíamos en la cochera de los abuelos de Adria y se hacían filas en la calle. Literal filas. La primera vez que vendimos 100 pizzas con un solo hornito portátil fue que vimos el éxito que tuvimos, así que empezamos a ver locales y abrimos en pandemia. A pesar de la situación, nos fue muy bien. Tuvimos el privilegio de que la pandemia fuera un gran impulsor de las ventas con la comida a domicilio.
Adria: Ese momento fue clave, pero hubo otro que fue todavía más profundo: vendimos pizzas para donar parte de las ganancias a la hermana de una amiga que había sido diagnosticada con un tumor cerebral. Ahí entendimos el impacto real que estábamos teniendo. La gente no solo compró; se unió. Compraban una pizza y luego tres, porque querían ayudar. Ese fin de semana sentimos algo muy fuerte: más que un negocio, había una comunidad. Después de eso, mientras estábamos de vacaciones en Mérida, Cris dijo: “Regresando a Durango, hay que abrir”. Y así fue.

¿Qué significa “Brava” para ustedes y por qué eligieron ese nombre?
Cris: El nombre llegó como llegan las cosas importantes: sin aviso. “Ya sé cómo se va a llamar: Brava”. Era un momento en el que las dos estábamos en un cambio de etapa muy fuerte. Yo ya no quería seguir haciendo cosas que no me representaran y necesitaba cocinar lo que yo quería cocinar. “Brava” para mí era fuerza, valentía, determinación, y al mismo tiempo tenía ese sonido directo y claro que se queda. Representaba ese impulso que las dos sentíamos en ese momento.
Adria: Cuando Cris dijo “Brava”, yo lo vi todo. El logo, el branding, la identidad, el tono. Porque antes de emprender, yo trabajaba mucho con marcas digitales y diseño, así que para mí un nombre tiene un universo entero adentro. “Brava” no solo era valentía; era dirección, era energía, era un “dale, sí se puede”. Hasta hoy la palabra se siente así. Por eso nuestros colaboradores se autodenominan “bravos”, porque más que un nombre, es una manera de estar parados en la vida.

Si tuvieran que definir la filosofía detrás de Brava en tres palabras, ¿cuáles serían?
Cris: Calidad, propósito y compromiso. La calidad nunca estuvo en discusión. Desde el primer día sabíamos perfectamente qué queríamos vender y qué no. Nunca fue un “a ver si pega”, sino “vamos a hacerlo bien”. El propósito es lo que te impulsa cuando te cuestionas todo: por qué haces esto, para qué lo haces, hacia dónde va. Y el compromiso es lo que sostiene todo lo anterior. Porque puedes tener un gran propósito y un gran producto, pero sin compromiso no se mantiene.
Adria: Para mí el compromiso es inmenso porque no solo es con el cliente. También es con nuestro equipo. Nosotras fuimos empleadas muchos años y sabemos lo que se siente estar del otro lado. Siempre pensamos en cómo generar un entorno laboral que no desgaste, que no lastime, que permita crecer. Para mí Brava funciona porque pensamos en todo el círculo: cliente, producto y equipo. Y cuando ese círculo está completo, la empresa crece sin romperse.

¿Cómo buscan reflejar su personalidad o valores en cada producto, espacio o experiencia dentro de Brava?
Adria: En los eventos, en el servicio, en cada detalle del restaurante. Yo me involucro mucho en la experiencia: cómo se siente el espacio, cómo te recibe el equipo, cómo vive el cliente su visita. Nuestro sello está en esos pequeños cuidados.
Cris: Yo soy más estructurada. Pienso en procesos, capacidades, técnicas. Prefiero decir “no” a algo que comprometa la calidad. La cocina debe hacerse bien, no “aguantar”. Mientras Adria cuida la vibra del espacio, yo cuido la exactitud de los platos. Es una combinación que funciona.

¿Cómo son ustedes fuera de brava y cómo se ve un día de descanso para ambas?
Cris: Nuestra interpretación de descanso ha cambiado con el tiempo. Al principio, fuera de Brava no había mucho que ver, porque todo era Brava. Desayunábamos, comíamos y cenábamos el negocio. No había espacio para más. Con el tiempo, cuando empezamos a preocuparnos por el bienestar de nuestro equipo, nos dimos cuenta de que nosotras también necesitábamos eso: cuidar nuestra salud mental y descanso. A mí me encanta la naturaleza, caminar, ir de hiking y escuchar música. Soy muy sensorial. Y durante mucho tiempo dejé de tener eso. Hoy lo estoy recuperando.
Adria: Yo soy muy hogareña. Necesito orden, calma, silencio, rituales. El café de la mañana es mi momento sagrado. Me gusta estar en mi casa, en mi jardín, con mis tiempos y mis rutinas. Antes me exigía perfección y eso me desgastó, pero aprendí a verlo y a soltar. Hoy busco espacios que me hagan sentir cómoda, tranquila, y que me permitan conectar conmigo sin tanta exigencia, como jugar padel, tenis o ir a nadar en las noches.

Si pudieran hablarle a sus versiones del pasado, ¿qué les dirían?
Adria: Que confíen. Que todo va a salir bien. Que trabajen, pero que no tengan miedo. Que disfruten el proceso. Yo he regresado mucho a esa Adria de hace años; la reconozco más ahora porque ya dejé atrás etapas que me llevaron al límite. Me diría: “Hazle caso a tu intuición. Vas bien. No dejes de disfrutar”.
Cris: Yo me diría que una hora al día para mí misma me habría dado mucha claridad. Que no era necesario desgastarse por completo para lograr algo. El burnout te borra, te hace olvidar quién eres y qué te gusta. Y aunque hoy sé que todo ese esfuerzo construyó lo que tenemos, también sé que pude haber sido más amable conmigo misma.

¿Qué es lo que sigue para brava? ¿Hay proyectos nuevos?
Adria: 2025 fue un año de mucha estructura: ampliamos la panadería, fortalecimos el equipo administrativo, abrimos Negrete, profesionalizamos procesos. Y lo hicimos porque ya teníamos un equipo capaz de sostenerlo. Lo que sigue es formalizar realmente Grupo Brava: darle forma completa a lo que ya somos.
Cris: Al crecer el grupo de colaboradores, también crecieron los puestos. Así que hoy soy chef creativa del grupo. Me encargo de desarrollar fórmulas, estandarizar procesos, enseñar a los encargados… eso es lo que más disfruto. Lo que sigue no es abrir mil locales; es consolidar lo que tenemos, mejorar herramientas, profesionalizar todo para que Brava pueda funcionar diez o quince años, esté quien esté.

Finalmente, ¿qué significa para ustedes ser ‘’Icónicas’’ ?
Cris: Ser bravas. Ser icónica es hacer lo que visualizas y que nada te mueva esa idea, que tu voz sea la única que escuches. Lo primero que nos dijeron cuando abrimos Brava fue que el producto que vendíamos era bastante caro y en Durango la gente no paga. Y yo, escuchando mi voz interior dije ‘’la gente te va a pagar lo que tú creas que vale’’. Porque la calidad es subjetiva. Creo que el producto que estamos vendiendo es realmente bueno y estamos poniendo toda la energía para hacerlo muy bien. Entonces, ya no es un tema económico, es un tema de aspiración. Y la gente aspira a algo bueno. Por eso nunca se me va a olvidar cuando nos dijeron eso, porque no es un tema de precios, es de calidad.
Adria: Definitivamente ser bravas. Darle esa voz a lo que haces y a lo que te gusta hacer. Ser valiente, determinado, apasionado, creativo y sobre todo llevarlo a cabo. Ser brava te da energía y vitalidad porque ves crecer lo que siempre soñaste mientras haces el bien.

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